Homesick en el campamento

En el libro “Homesick and Happy: How Time Away From Parent Can Help a Child Grow”, el escritor Michael Thompson explora las posibilidades del crecimiento y desarrollo de los niñxs cuando están fuera de casa y lejos de sus padres, pero en espacios seguros para ellos. 

Los niñxs nacen con una caja de herramientas que aprenden a usar con el paso del tiempo, pero para que ello ocurra debe presentarse una oportunidad. El salir de casa a un lugar desconocido provoca que tu hijx se enfrente a diferentes necesidades, desde escoger su ropa y hacerse cargo de su pertenencia, tomar decisiones para socializar, llegar a acuerdos, establecer límites y/o expresar sus necesidades. 

¡Los campamentos hacen que tu hijx se haga cargo de sus propias aventuras!

Aunque antes de este final triunfante, es probable que pase por un gran puente: el homesick. Estar alejado de los padres, sobre todo, la primera vez, puede desestabilizar la zona de confort, pero no por ello quiere decir que es malo, ¡al contrario! 

Para encontrar independencia es necesario salir y experimentar en carne propia. Cada niñx reacciona diferente y tiene su proceso y ritmo de adaptación. Las situaciones que generan estrés pueden ser distintas para cada uno, pero lo importante es que se permitan sentirlas y aprender de ellas. 

¿Qué es el homesick?

El homesick es un síntoma que resalta que tu hijx se siente fuera de su zona de confort, pero es trabajo del campamento hacerlo sentir seguro para que pueda tomar de su caja de herramientas las que quiera ocupar y transformar ese temor o estrés en una nueva aventura, en un momento de aprendizaje e independencia. 

Este se puede presentar en diferentes momentos, durante las comidas, manifestando una falta de apetito, al comenzar el día, al finalizar al día o cuando se está cansado. Cuando el homesick se manifiesta de forma emocional o cognitiva se puede observar en la sensación de soledad, con pensamientos preocupantes sobre la familia, los amigos o el hogar o con el aislamiento. 

Lo importante es resaltar que no es un sentimiento que está presente todo el día, sino, en momentos donde tu hijx tiene pausas, cuando su energía está en picos bajos y cuando necesita de ese apapacho y amor incondicional de los padres. Por ello es vital ayudarlo a saber que ese apapacho siempre estará presente, y que puede aprender cosas nuevas y salir de su zona de confort para tener sus nuevas aventuras. 

Una buena forma para tratar el homesick es atender la situación y después desviar la atención a pensamientos alegres del camper. Por ejemplo, en Kin Camp practican la estrategia de las tres preguntas.  

1.- ATENCIÓN: “¿Qué pasa? ¿Por qué estás llorando o triste?”

Esta pregunta es importante porque le hace saber a tu hijx que se han dado cuenta de que está pasando por un momento turbulento. 

2.- REDIRECCIÓN: “¿Me podrías platicar qué es lo que más te gusta hacer con (lo que esté provocando el homesick)?”

La intención de esta pregunta es que asocie un pensamiento positivo con la imagen que está provocando el homesick.  

3.- SALIDA: Tomas la respuesta anterior para que el camper te cuente experiencias que disfrute y recuerde con alegría.

De esa forma logras crear un vínculo de confianza con una persona del staff que tenga herramientas e información para apoyarlo si vuelve a ocurrir otro episodio de homesick.

Con un par de minutos que hable de su película favorita, comida favorita o juego favorito la respiración del camper se empieza a normalizar y la sonrisa volverá a su cara.

¡Misión cumplida!